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El día que fui torturado en Villa Grimaldi
by Miembro Activo del CMI Santiago •
Sunday, Dec. 14, 2008 at 6:15 PM
imc-santiago@indymedia.org
Para los que el olvido a barrido el sustento de sus historias, colectivas y comunes entrego este testimonio sufrido en carne propia.
En la obligación moral que tiene el sobreviviente de asumir ante la ignorancia del dormido, su lugar sin asidero, el lugar del vacío y la muerte, el no lugar del que conoció el fondo de la góndola.
Aunque para la mayoría de los chilenos sea una realidad extraña, mi testimonio no es una ficción. Villa Grimaldi esta ubicada en Santiago, en Avenida José Arrieta a la altura del 8.200, comuna de La Reina. Villa Grimaldi, fue el recinto secreto de detención y tortura más importante de la DINA. El local, conocido por los agentes de la DINA como Cuartel Terranova, ya estaba en funcionamiento en 1974, como sede de la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM).
Mi detención se produjo pocos días antes de la inolvidable acción efectiva contra la dictadura emprendida por nuestra célula, el chapazo al cine Lido que en tiempos de la dictadura se caracterizaba por difundir propaganda anticomunista en su afan por penetrar la mente del pueblo con películas como Rambo I, Rambo II y Rambo III.
Este duro golpe desestabilizador obligó a la tirania fascista agudizar la persecución y a perfeccionar los métodos represivos.
Nunca me gusto el cine, la televisión y los libros, aunque realmente yo soy un revolucionario forjado en el acero de la universidad. Después de estudiar politología marxista en la Universidad P. Lumumba, en la ya desaparecida URSS, licenciándome con la calificación de ‘aberrante’, es decir “notable” para la escala occidental. Asistí a varios cursos de especialización en lucha y educación de las masas. Por mi cuenta y tras varios años de encierro terminé las obras completas de V.I.Lenin.
Mi primer testimonio, “Chaucha chaucha!”, ha sido bien acogido por la crítica especializada, y las ventas van muy bien, según dice mi editor. Como toda obra de vanguardia, ha suscitado una fuerte polémica, y cierto sector de la crítica revolucionaria–la más rancia- no ha entendido nada, tachando mi obra de ‘bazofia’. Esto me llena de fuerzas y sobre todo me provoca, sensaciones que considero positivas a la hora de enfrentarme conmigo mismo y mi testimonio revelador. Me considero una persona madura políticamente; estoy ya curtido en la dialéctica de la vida como para que me afecte la opinión de un crítico; un estúpido y viejo que publica sus pajas en un periódico como Gramma y luego se las da de intelectual, cuando en realidad no es más que un demente senil, un anciano que todavía recuerda la sierra maestra y el ejercito de opereta de Batista, un puto fósil apernado en el poder sin dar tregua a nuestras juventudes.
No quiero hacer de esto un libelo, así que a partir de ahora prescindiré de nombres reales, utilizando el primero que se me ocurra. Llamémosle, por ejemplo, Fidel Castro Ruz. Este fósil, digno de ser el segundo de los payasos que anuncio junto con Ernesto Ché Guevara el fin de la revolución socialista. Este se atrevió a poner en duda mi testimonio, demostrando una total ignorancia de lo que fue el proceso chileno o de lo que es cualquier héroe del pueblo latinoamericano, sin más. En esta época la incomprensión de estos fósiles ha retrasado la emancipación del hombre y la mujer nuevas. Por aquellos días me faltaba poco para recibir mi carnet del partido. Al principio pensé que se trataba de una broma, pero es cierto. Necesitábamos el maldito carnet para ser parte y aspirar al poder. Sé que no sirve para nada, que es una maniobra estalinista para confundirnos, para hacernos perder el tiempo Inútilmente, para volvernos locos.
Está claro que los partidos revolucionarios son un montaje, una tapadera tras la que se oculta la infiltración mafiosa de Chicago: hundir a occidente, y las orgánicas revolucionarias son el primer paso. Trosky era un principiante; su proceso no es más que un ligero problema técnico en comparación con lo mío. Advertí a la organización sobre mis conocidos aportes a la praxis marxista leninista.
–Eso no es nada –me dijeron–. Se lo damos a cualquiera.
–no necesita justificar sus actuaciones… –grité enfurecido–. ¡No puede ser; se han confundido!
Pero no fue así. Al parecer estaba destinado a pertenecer al gremio ‘olvidados del Informe Rettig’. Así que no tengo que justificarme. En un país sin memoria manejando un auto de marca japonesa en el estacionamiento amplio de un centro comercial, me persigue el recuerdo de la clandestinidad con un futuro por delante. Mis tres Yoes (El que firma este texto, Yotro y el amigo de estos) no tardaron en conseguir un lugar en la locura de la realidad y la cosa quedó ahí.
Aun soy un convencido de que el próximo paso en la lucha hacia una sociedad plenamente socialista sería pedir explicaciones a cada sujeto que participa de esta sociedad por podrida que se encuentre.
Desde el día fatal de mi arresto…Resuenan las palabras del agente de la DiNA:
–No es necesario dar explicaciones –
Dijo mientras hojeaba mis papeles como si se tratase de rutina. Sabía que era una trampa y conseguí sacar el carnet del resto de la documentación. Pasado un mes recibí una carta de la oficina de un tal Manuel Contreras, Te buscamos no tienes que justificante pero te falta el carnet. Sin el carnet estás perdido. No hay nada más que te oculte.
Fui a buscar el Carnet, desesperado, por las calles Santiago. En la seguridad honesta de mi militancia que me impulsaba rescatar el documento de las garras de esa –institución creada por los rompe huesos de Pinochet y actualmente en manos de Michel Bachellet, organización criminal extraterrestre– me dijeron que yo no tenía por qué tener un carnet. Que ya sabían a ciencia cierta quién yo era. Fuertemente sorprendido por tal respuesta, pedí que por favor me explicasen cuál era la razón por la cual la DINA me empujaba a tal búsqueda, de antemano infructuosa. El funcionario adoptó un aire más confidencial. –No puedes recuperar esto –susurró–. Son ellos quienes tienen que confirmar con hechos lo que quedara de ti. Ése es el cauce. Ellos prefieren que seas tú quien aparece en esta foto porque así se evitan muchos problemas. –Al parecer había un enfrentamiento intergaláctico entre Regan y Gorbachov–. Debes ir a hablar con el subdirector de la fundación Casas Chile y Presentar tu verdadera identidad. Se tomará nota de tu declaración.
Me sonó como si me obligasen a enfrentarme a una horrible Muerte, con mí Carnet de identidad como única arma.
Totalmente empapado de sudor y cansadísimo, con un dolor de pies que me hacía llorar, me dirigí al edificio central de Villa Grimaldi, que me recordaba sospechosamente a la casa patronal de la toma “Nueva la Habana”: la guarida de los Cuatro Frenéticos; con una torre de acero inexpugnable que habían construido los camaradas con mano de obra barata del proletariado y con medidas de seguridad diseñadas por el mayor científico del mundo, el profesor Miguel Enríquez.
El control de la entrada me detuvo de inmediato. Los golpeé con mi carnet y me dejaron pasar, a condición de que me colgase una tarjetita de visitante. Pero yo no venía a visitar nada. ¡Ni que fuera un turista! Venía a acabar con esta mafia, a destrozar la cara de palo de los torturadores, llegar a los archivos secretos y liberar a los prisioneros.
La secretaria intentó detenerme, pero una certera patada en los ovarios la tumbó dejándola inconsciente. La muy zorra creía que el viejo truco de la reunión podía funcionar conmigo. Abrí la puerta y encontré lo que buscaba; un gran barril de petróleo con agua putrefacta; delante una mesa con un estéreo y un enorme camastro de metal sin colchón. Sobre él sólo pude ver una fina columna de humo oscilante.
Mi boca estaba seca y no podía hablar, pero no hizo falta. Él lo dijo todo. Sabía quién era y a qué venía. Conocía mi caso. Toda mi fuerza se derrumbó. Sabía lo del Cine LIDO y también conocía a Vasili Papas Fritas y a todos mis amigos. Se levantó de su butacón. Se acercó a mí. Me puso una mano en el hombro. Me dijo que no me preocupase. Mi documentación había sido trasladada a la central y él llevaba mi caso personalmente. Dentro de un mes recibiría una respuesta.
Salí de su despacho derrotado. No golpeé su cabeza contra la mesa y le hice morder el laque. No le lancé a través del cristal para que se estrellase en el pavimento, manchando con sus pedazos a todos los pacíficos ciudadanos. No. Me quedé callado y me fui. Ni siquiera le vi la cara solo escuche su voz de ultra-life. Era el Guatón Romo.
Acabo de terminar una tertulia con un amigo tuyo. Intento encontrar un estilo puro, carente de artificios, limpio de adornos y trucos fáciles. Algo duro, directo, seco, esencial. Un discurso político retórico lineal, que haga polvo la dialéctica marxista, casi una abstracción del lenguaje en donde nuestros contendores caigan por sí mismos.
Donde el contenido de las palabras sean golpes perfectos unidos por una composición matemática de inteligencia y dinero. Mi tesis se titula: “no hay mal que dure cien años la alegría ya viene”
No me preocupé de buscar un contraargumento me preocupó más bien la presencia de un hombre parecido a Joseph Goebbels de anteojos gruesos que se paseaba en el jardín, pensé que era Jaime Guzmán, pero se trataba ni más ni menos que de Miguel Krasnov Marchenco, amigo de Pasolini y admirador de los 120 dias de Sodoma.
¿Cómo expresarlo con palabras? ¿Plasmar mi experiencia en testimonio para las generaciones futuras?
El caos que reinaba en el centro llegó a un punto tan extremo que me impactó.
El Perro Galvez –un amigo de la infancia que podría sentirse herido si revelo su auténtico nombre– solía quemar pulgas para ver cómo sufrían. No es nada nuevo, miles de niños disfrutan actualmente con el dolor ajeno. Es conocida la afición de muchos por quemar ranas y ver cómo se hinchan y explotan, o cortarle la cola a las lagartijas, o atarle un hilo muy fino a una mosca y llevarla de mascota, volando a tu lado. Pero la dupla Romo- Miguel era mucho más refinada que todo eso. Sobre todo cuando se trataba de un asado de camaradería en las dependencias del recinto carcelario.
Antes de proceder a la tortura celebraban un pequeño juicio al prisionero, a los que normalmente se les declaraba culpables. A continuación los ataban meticulosamente a un poste y les iban arrancando las uñas una por una. No recuerdo si les hacían algún tipo de pregunta. Después amontonaban trocitos de dedos debajo del poste, para quemarlos. Romo disfrutaba particularmente emulando a la Inquisición. Las uñas ardían unos segundos y todo había terminado.
No me parcia muy creativo, aunque él lo defendiera como si se tratase de un espectáculo soberbio.
Lo que estaba claro es que durante las horas de detención que pase en el recinto Villa Grimaldi, fui testigo de uno de los asados más brutales que la DINA realizara en su historia.
Junto a la parrilla con la carne asándose, el pebre y el pan encima de la mesa. Los verdugos del pueblo celebraban con arrogancia sus métodos de coacción.
Nunca olvidaré a un prisionero que tuvo que pasar por el tradicional suplicio de ‘la mesa y los huevos’. El prisionero encapuchado, desnudo y cantando a todo pulmón ‘trabajadores al poder’ coloca sus huevos, apartando cuidadosamente la pija, encima de una mesa. Entonces un comensal del asado con acento uruguayo, invitado de la Operación Condor, con un martillo grande, le aplasta las huevas de un certero golpe en el que invierte toda su fuerza física.
Ya se podrán imaginar la cantidad de dolor almacenada, en la entonación del himno cantado por el prisionero concentrado en una sola fracción de segundo, era enorme.
Después discutían acaloradamente qué ocurría con el torturado. Hasta que la siguiente víctima aparecía entre los esbirros del fascismo para experimentar el horror de ese asado.
Ya abran algunos mal pensados que creerán que cuento patrañas que no conozco, sin embargo, la perversión más grotesca que se puedan imaginar ocurrió conmigo.
Había un cura –creo que hablaba en latín– que no paraba de hurgarse en las narices con un pincho de anticucho. Esto puede parecer vulgar; lo asombroso era que con el producto hallado dentro hacía pelotillas que lanzaba a los prisioneros.
Otro vestido de civil, que hacia el bueno, me decía: – ¡Adriano!… ¡Qué daño ha hecho ese hombre!… Lo repetía continuamente. A nadie le importaba, porque el carnet de militante colgaba del bolsillo de mi camisa.
Miguel Krasnov empezó a sacar herramientas de un maletín de cuero. Buen muchacho me dijo yo también quería ser buen muchacho –de pequeño era pelotero– y fume de la buena pero no sirvió de nada.
Entonces solté una frase desafortunada acerca de la participación de la juventud rebelde en la lucha contra la dictadura. Yo quería elevar el nivel, quería que vieran que era un tipo sensato.
Dije:
–Es que las condiciones no estaban dadas...
Lo más frustrante, lo más horrendo, era lo absurdo del interrogatorio: no había respuesta correcta; tanto si confesabas como si no, te torturaban hasta morir.
Me arrancaron todos los dientes de cuajo, con un alicate. Esto como prólogo. Los de arriba y los de abajo. Y después me colocaron alfileres dentro de los huecos de las encías. Una vez acabada esta operación, me obligaron a degustar con todas mis fuerzas un trozo de asado y un pan con pebre.
Me puedo imaginar que estarán llorando mucho con mi desgarrador relato.
Que mi testimonio sirva para que nunca más se vulneren los DDHH y mi experiencia sirva para mantener viva la llama rebelde de nuestros ideales.
Hoy recuerdos a los caídos en Villa Grimaldi, mi dentadura es postiza, estoy endeudado con créditos de consumo. Ya no tengo carnet de militante y me reconozco anarquista.
Adriano Chelentano. Diciembre del 2008
la wea pajera
por dormido
Sunday, Dec. 14, 2008 at 6:55 PM
que fome leer weas asi. aparte de pajero y poco novedoso, la pluma vale kallampa. chao. me dormi
Aclaración!!!
por CMI Santiago Indymedia
Sunday, Dec. 14, 2008 at 7:59 PM
El grupo de administradores de Santiago Indymedia, aclarar que Adriano Chelentano no pertenece más al grupo de administración del Colectivo Indymedia. Desde 2004, año en que fue sorprendido publicando artículos que vulneran la confianza y los fines denuestro medio.
sorprendente
por t
Sunday, Dec. 14, 2008 at 9:22 PM
Sorprendete. Esto ya paso todos los limites. Los lectores de indymedia saben de este seudoirreverente chelentano que usando la vulgata izquierdosa le gusta llamar la atencion, quizas quien sabe poque razon.
Pero escribir este medio articulo!
Se paso!
Como tanta ociosidad, la cago, realmente me sorprende este chelentano. Ojala baneen su ip pronto
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